Carlos Joaquín, en su gobierno del cambio, duerme con el enemigo. Su gabinete, está como llegó al poder, fracturado; su gobernabilidad flota en las aguas del poder legislativo. Cambian delegados federales.

Carlos Joaquín, en su gobierno del cambio, duerme con el enemigo. Su gabinete, está como llegó al poder, fracturado; su gobernabilidad flota en las aguas del poder legislativo. Cambian delegados federales.

Ante la devaluación de la administración pública, el saqueo financiero del erario público, y la falta de políticas públicas, que le heredó el gobierno Borgista; el gobierno del cambio a 7 meses tan sólo ha podido sanear (cediendo sin conceder) la deuda pública, a decir del titular de SEFIPLAN, Juan Vergara: “ya es manejable”.

Todo lo demás será ruta por navegar en lo que resta del sexenio. Para ello, Carlos Joaquín tiene que renovar la tripulación del barco para no naufragar, no puede seguir durmiendo con el enemigo; la mayoría de sus colaboradores nadan sólo en torno a sus islas, y por si fuera poco, ya trazaron sus cartas de navegación hacia los comicios del 2018, aún inciertos para cualquier fuerza política.

Por la fractura de su gabinete y su desarticulación como equipo, su gobernabilidad flota en las aguas del poder legislativo. Del azul profundo, como no soy bodega para guardarme nada, sepa usted que pronto nombrarán nuevos delegados federales al calor del priismo nacional con la mira en la sucesión presidencial.

Los primeros delegados en ahogarse serán César Armando Rosales Cancino, alias “Claveles” en la SAGARPA; y Maribel Villegas en la SEDESOL.

Por Joaquín Pacheco Castro