PERLA VS PEDRO, UNA BATALLA DE FORMA Y FONDO

PERLA VS PEDRO, UNA BATALLA DE FORMA Y FONDO

(La Opinión) 

No habrá en Quintana Roo, este 1 de julio, una elección que muestre con más claridad dos formas tan disímiles de hacer, sentir y vivir la política, que la que enfrentará a Perla Tun Pech y Pedro Joaquín Delbouise en Cozumel. 

La alcaldesa es una mujer que aborrece del formalismo de la política tradicional. Ha llevado esa postura hasta la administración pública; ha tenido problemas y desencuentros serios por ello, pero no va a cambiarlo.

Intuye que las “formas” de la política sólo esconden corrupción y acuerdos inconfesables. 

Pedro Joaquín es un hombre que viene de la Iniciativa Privada, pero ha nacido y crecido en una casa y una sociedad que respira política todo el día. Como candidato del PRI, además, ha asumido todas las formas del tricolor. 

Cree que la política es el medio idóneo para gestionar la complejidad de un municipio y sus múltiples problemas. 

Así se ha dividido esta campaña. Perla Tun camina las calles casi como la representación de la antipolítica. Habla desde esa posición; así organiza su campaña, que propone la relación cara a cara con la gente, y un impacto basado en las redes sociales. 

Pedro Joaquín arrastra tras de sí, intencionadamente, toda la estructura y las formas del tricolor. Está con el PRI, actúa como priista, y defiende esa postura. Lo ha dicho con todas las letras: quiere recuperar el PRI que hizo grande a Quintana Roo y Cozumel.

La Opinión compartió un día de caminatas con ambos candidatos, y puedo ver los dos mundos que representan, y que parece que no tienen absolutamente nada en común. Aquí un breve relato. 

EL MUNDO DE PERLA 

La colonia Flamingos podría ser, quizá, el mejor ejemplo de la tranquilidad perdida en los últimos años. 

Es parte del Cozumel menos favorecido; las casas están enrejadas, y casi todas tienen un perro guardián. Es una colonia de clase trabajadora que responde casi de manera unánime cuando la alcaldesa les consulta sobre sus necesidades: seguridad, limpieza de parques, iluminación. 

Casa por casa, Perla les explica lo que sucede, con un discurso que no va casi a variar en toda la tarde. “Año y medio es poco tiempo para resolver 40 años de abandono”, les dice. Y les pide que le den una nueva oportunidad. 

En general, la gente la recibe con gusto o con respeto. No hay rechazo. 

La estructura que la acompaña es mínima: su esposo, una bicicleta con un carro y música, y una breve avanzada que va tocando la puerta de las casas y prepara a los vecinos para la llegada de Perla. 

Luego de que la alcaldesa habla con la gente, mientras rápidamente se mueve hacia otra casa (su paso siempre es rápido, como sus movimientos y su forma de hablar) una persona se acerca a los vecinos y les pide una forma de comunicarse por WhatsApp o redes sociales. 

Es una forma, explican, de romper el cerco mediático que hay con la alcaldesa. Allí quizá anida la mayor fortaleza comunicacional de este proyecto: una sólida y constante campaña por redes sociales que es un dolor de cabeza para sus rivales. 

Más allá de eso, el armado de campaña es casi artesanal; hecho a mano, a pulso. Con el signo de Perla en todos lados. Hay cordialidad y risas entre todos ellos. Se nota un buen ambiente. Es, evidentemente, una Perla muy diferente a la de otras circunstancias. 

No hay enojos ni ceños fruncidos. No hay una Perla a la defensiva, sino todo lo contrario. La campaña parece ser un ámbito en donde Perla se siente muy cómoda.  

EL MUNDO DE PEDRO 

La campaña de Pedro Joaquín Delbouise es otro mundo. Es el PRI en toda su extensión. Y no peyorativamente presentado. Quizá todo lo contrario. 

Es una estructura organizada, que parece funcionar como un reloj. Hay un animador que habla todo el tiempo del candidato, y que se anima a decir, en algún momento “¿Donde están las mujeres?”. 

Hay un carro con la imagen de Pedro, y grupos de jóvenes con playeras de cada partido de la alianza que lo apoya. La avanzada es amplia; el equipo de prensa es diversificado y numeroso. Todo organizado, prolijo, institucional.  

Hay banderas, matracas, música en alto volumen; venden marquesitas con queso de bola y machacados. Hay mucha gente alrededor de la caminata. Es una campaña política estrictamente profesional. 

Pero hay un lado humano, y lo pone el propio candidato. Pedro Joaquín rompe con el mito del “Junior” que se supone elegido para ser alcalde. La realidad, es que escucha a la gente con interés; tiene un gesto y una pose humilde con todos. 

También tiene, cuando hace falta, un discurso fuerte para criticar a la actual administración, y proponer, incluso, “mano dura” contra la inseguridad. Su formación y disciplina empresarial se nota en el discurso organizado y coherente. 

Pedro no parece sentirse incómodo rodeado del PRI y sus formas. Excepto, quizá, cuando lo obligan a bailar. Esa parte del manual del candidato priista podría obviarla sin demasiados problemas. 

La campaña, como se dijo, es profesional. No es él quien la impulsa, sino que esa estructura añeja y revivida, lo protege y le da el formato. Pedro sólo le impone la parte de la personalidad que se requiere; le impone el sello de lo individual propio a un candidato. 

Como se ve, Perla Tun y Pedro Joaquín son dos candidatos muy diferentes. Desde lo que realmente son, hasta lo que proponen, están en las antípodas del sistema político.  

Las encuestas dicen que uno de ellos ganará la elección del próximo 1 de julio en Cozumel, y el resultado no será un dato cualquiera. 

No podría serlo, porque se trata de lugar de donde salieron 5 gobernadores, y que hace muchos años marca el ritmo de la política local.