La música puede cambiar vidas

La música puede cambiar vidas

Desde el 2013, el Sistema Nacional de Fomento Musical lanzó el Movimiento Nacional de Agrupaciones Musicales Comunitarias como una herramienta de integración social para el país.

Actualmente, el programa integra 86 agrupaciones musicales comunitarias (30 orquestas, 29 coros, 16 bandas y 11 ensambles) distribuidas en 49 ciudades de 17 estados de la República Mexicana que impactan a más de 7,000 niños y jóvenes.

“Estamos haciendo un trabajo que no era muy común en el país. Trabajamos en colonias vulnerables y nos topamos con problemáticas y detalles del día a día como la falta de maestros o cosas que se te cierran. Por eso es importante venir a estos eventos y compartir experiencias y ayudarnos porque el trabajo es muy rudo”, señaló José Antonio Herrera, coordinador general y director artístico del Sistema Jalisco es Música.

Hace unos días se realizó el Encuentro Nacional de Planificación Estratégica para la Educación Musical Comunitaria donde los integrantes compartieron experiencias sobre su trabajo con niños y jóvenes en todas las zonas del país con objetivos como la recuperación de las lenguas originarias y de la música tradicional y fomentar el sentido identitario.

Algunos de los estados en donde ya hay agrupaciones musicales comunitarias son Baja California, Campeche, Chiapas, Chihuahua, Coahuila, Colima, Ciudad de México, Durango, Estado de México, Guanajuato, Guerrero y Jalisco entre otras.

“No existía un proyecto así, pero afortunadamente logramos conformarla y sólo necesitamos la disciplina de los padres y enseñarles a sus hijos a cumplir. Aquí no se paga inscripción o cuotas”, comentó Antonio Malavé, director de la Orquesta Comunitaria Río Nuevo, de Mexicali.

Sobre la posibilidad de reunirse con otros directores opinó: “Veo personas apasionadas por su trabajo y que quieren lo mejor para sus alumnos. Una de las cosas que planteamos fue la posibilidad de intercambiar maestros, pues no todos tenemos docentes o especialistas de cada instrumento”.

El modelo que busca replicar al famoso Sistema Venezolano del maestro José Antonio Abreu se enfoca en el trabajo comunitario donde se unen niños y jóvenes, padres y maestros con la música.

El Movimiento Nacional de Agrupaciones Musicales Comunitarias y Voces en Movimiento son programas que forman parte de la iniciativa: México, Cultura para la Armonía.

“El proceso de trabajo es más enriquecedor y la experiencia musical se triplica cuando tienes niños que tuvieron horas de convivencia, que se rieron, hicieron migas con gente con la que no coincidían en gustos y estilos de vida”, comentó el director José Antonio Herrera.

Añadió: “Aquí uno se da cuenta que lo importante no es el chico músico. Uno como director se entera de vidas y contextos complejos, cuando te encuentras con chicos que son tan vulnerables descubres que el trabajo comunitario es indispensable”.

Pablo Cervantes, director de banda Comunitaria Santiago Troncoso, Ciudad Juárez, calificó como fundamental el que se realicen este tipo de encuentros: “Principalmente por dos razones: compartir y dar cohesión y ritmo común al trabajo musical comunitario. No tiene caso la realización de esfuerzos culturales de trabajo aislados, ya que la unión entre padres de familia, profesores y alumnos es la fuerza para que una orquesta exista y crezca”.

Para Malavé, exmiembro de la Orquesta Sinfónica Nacional Infantil y Juvenil de Venezuela, la orquesta que dirige es una familia.

“Muchos niños no tienen a sus abuelos, tíos o primos en la ciudad al decidir migrar, por lo que la orquesta se ha convertido para ellos en una familia sustituta. Hemos hecho una comunidad alrededor de la orquesta, además de tocar, los niños disfrutan de amistades, cariño”.

Finalmente, Cervantes señaló que “el trabajo comunitario consiste en inculcar valores prácticos como el compromiso, la responsabilidad, el respeto, la tolerancia y la disciplina y desarrollar habilidades humanas y lo estamos consiguiendo”.